Barrios por Memoria y Justicia

Detenida-desaparecida el 11/10/1976

La familia Cacabelos fue otro de los grupos duramente golpeados por la represión. El matrimonio integrado por José Cacabelos Muñiz y Esperanza de la Flor vivían en el partido de San Martín, provincia de Buenos Aires. Tuvieron cinco hijos: Esperanza María, María Cristina, Ana María, José Antonio y Cecilia. Era un hogar muy religioso, católicos practicantes. Aunque el padre se había identificado con el peronismo desde sus orígenes, el enfrentamiento de Perón con la Iglesia, los había alejado del movimiento. Esperanza había iniciado estudios de Historia en la Universidad del Salvador. Allí se sumó a un grupo vinculado al sacerdote jesuita José “Pichi” Meisegeier que, en 1972, viajó a Entre Ríos para trabajar con los hacheros y vivir en carne propia sus carencias, sus problemas.
Al producirse el primer retorno de Perón, el 17 de noviembre de 1972, Esperanza marchó hacia Ezeiza con las columnas de la JP; ya se había puesto de novia con Edgardo de Jesús Salcedo, un militante nacionalista, con el cual hacía trabajo en las villas y había adquirido notoriedad al participar del Operativo Cóndor, el 28 de septiembre de 1966.
José Antonio, el único hijo varón, estudió en el Instituto Ceferino Namuncurá, de Florida, y luego terminó en el Colegio San José. Militaba en los grupos de la ortodoxia peronista como Guardia de Hierro.
Esperanza y Edgardo se casaron en ese contradictorio 1973 y tuvieron un hijo, Gerardo, en 1974. Pero las cosas se estaban poniendo feas. El enfrentamiento con Perón, el accionar de la Triple A, fue arrinconando a la izquierda peronista.
Ana María lo recuerda de esta manera: “Desde que Perón manifestó claramente cuáles eran sus intenciones, la suerte ya estaba echada para los jóvenes de la época. En ese proyecto, ya no tenían cabida”. El golpe de 1976 llevó la situación a un extremo. La militancia de los hermanos Cacabelos continuó pero al poco tiempo se produjo el primero de una serie de terribles sucesos.
Durante la noche del 7 de junio de 1976, José Antonio fue secuestrado al salir de su casa, en la intersección de la avenidas Mitre e Hipólito Yrigoyen, Florida, provincia de Buenos Aires. Concurría a una cita a la que no pudo llegar. Varios hombres que bajaron de un auto se lo llevaron por la fuerza, según el testimonio de un vendedor de diarios. José Antonio tenía ya 18 años y lo llamaban Jopo. Sus captores le permitieron llamar a su casa, para informar que estaba detenido por “averiguación de antecedentes”. Pero Ana María y Cecilia dejaron la casa esa noche, temiendo un allanamiento. Su padre, funcionario de la Presidencia de la Nación, recurrió a sus superiores, que eran militares en actividad. Lo único que obtuvo fue la confirmación de que José no estaba detenido en ninguna comisaría.
En la noche del 9 de junio, Ana María volvió a su casa de la calle Francia 3489. Durante la madrugada, tocaron el timbre. Eran muchos hombres armados que venían a allanar el domicilio de los Cacabelos y traían a José, esposado. Parecía estar físicamente bien. Manifestaron que debían encontrar cierta documentación, que finalmente no hallaron. José pudo hablar con Ana María y le pidió que convenciera a Esperanza y Cecilia para que se entregaran. Los captores hablaron con los padres, le dijeron que José era “recuperable”, pero exigían la presentación de Esperanza. Les prometieron que respetarían su vida pero no la de Edgardo, el cual había sido “condenado a muerte”. La pareja estaba siendo cercada por un grupo de tareas de la Marina. Tras la caída de José, dejaron su vivienda en Florida; poco después fue allanada y saqueada. También allanaron la casa de la madre de Edgardo, donde secuestraron a su hermano Gregorio (Goyo). No tenían recursos como para intentar salir del país, si lo hubieran deseado.
Nuevamente seguimos el relato de Ana María: “Ahí cambiaron mucho las cosas. Empezaron a llamar para ver si las había visto. Yo me reunía a escondidas periódicamente con ellas por separado, según sus llamadas. Todo era siempre muy rápido. Me traían cartas para mis padres Con Cecilia lo hacía en confiterías o caminando.
Poco después, el 12 de julio, Esperanza y Edgardo volvieron a ser localizados en el barrio de Palermo, en un edificio de la calle Oro 2511, 11º C, a metros de Av. Santa Fe, donde vivían con su hijo. Luego de un feroz enfrentamiento de varias horas de duración con fuerzas militares y policiales, ambos resultaron muertos. El niño fue encontrado, oculto en la bañera y tapado con una frazada; sin heridas, fue dejado en el Hospital Fernández.
Los captores de José seguían llamando por teléfono y exigieron una reunión. Así fue que Cecilia y Ana María concurrieron al bar situado en la esquina de Corrientes y Dorrego, pensando que ayudarían a la liberación de su hermano. Fueron secuestradas. Ana María fue liberada poco después. Cecilia no tuvo el mismo destino y continúa desaparecida.

Dos imágenes de la familia Cababelos. A la izquierda los padres con sus cinco hijos. A la derecha todos los hermanos el día del casamiento de Esperanza.

By BxMJ

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