Barrios por Memoria y Justicia

En la década de 1990 un artista alemán, Gunter Demnig creó un proyecto inédito de conmemoración histórica. Fueron los Stolpersteine, palabra alemana que, literalmente, significa “piedra de tropiezo”, refiriéndose a una piedra que el caminante encuentra en su camino y que puede hacerlo tropezar o, al menos, detenerse a mirar. El propósito de este proyecto era idear objetos tangibles, ubicados en las calles, que conmemoraran el destino de los seres humanos que fueron deportados y asesinados por los nacionalsocialistas.

Gunter Demnig


Se trata de cubos de cemento de 10 x 10 x 10 centímetros que, en la parte superior, llevan incrustada una placa de latón de 10 x 10 centímetros, donde se encuentran grabados los datos esenciales de la persona que se conmemora.
Estos “adoquines” o similares son colocados en aceras, haciendo el agujero necesario para ubicarlos al ras del suelo y encementados, formando ya parte de ellas. Un pequeño resalte sobre el nivel del suelo podría ser, tal como ocurre en la colocación de adoquines y baldosas, motivo para ocasionar un tropiezo al caminante. En esto se basa su nombre. Y lo que se busca, entonces, es el que caminante se detenga, se incline hacia delante para leer la placa en un gesto que representa una actitud de respeto.
En 1990, Demnig comenzó con esta labor, cuando se arribó al cincuentenario de la deportación de 1.000 gitanos romaníes que habían residido Colonia, ya que este acto había sido una prueba preparatoria para las deportaciones generales de judíos alemanes que se realizaron con posterioridad. Para llegar a colocar cada stolperstein, Demnig tuvo que informarse a través de familiares, amigos y archivos, lo que le permitió ir reconstruyendo la historia social alemana, a partir de los casos particulares. Así pudo localizar la última residencia que tuvo en cada ciudad cada deportado, que era su objetivo de cara a elegir la ubicación de la colocación.
Demnig colocó la primera Stoperstein el 16 de diciembre de 1992, fecha en que se cumplían cincuenta años de la orden que impartió Heinrich Himmler para la deportación de gitanos, en el adoquinado de la plaza del histórico edificio del Ayuntamiento de Colonia. En la placa se podían leer las primeras líneas del texto del decreto de deportación. A partir de ese momento, Demnig extendió su plan a todos las víctimas del nazismo.

Placas conmemorativas en la ciudad de Berlín.


Procura que la piedra sea colocada frente al último domicilio que ocupó voluntariamente la víctima. Tras la guerra, al quedar destruidas muchas casas, hubo calles completas que se convirtieron en espacios públicos como parques, polideportivos, etc. En estos casos las piedras se colocan lo más cerca posible de la última residencia, pero siempre en aceras o caminos, para que el caminante “tropiece” con ellas. Las piedras, una vez colocadas, pasan a ser propiedad de la ciudad o municipio.
Las Stolpersteine son financiadas por donativos, colectas y apadrinamientos de ciudadanos individuales, estudiantes de colegios, gremios profesionales y comunas. Un cubo cuesta 120 euros.
La cineasta alemana Dörte Franke realizó un documental sobre las Stolpersteine titulado Stumbling Stone (2008).
El artista que ya tiene 75 años y reside con su esposa Katja en Alsfeld-Elbenrod, en el estado alemán de Hesse, recibió muchas amenazas por su tarea, como así también crítica de diversas organizaciones judías, que consideran que la forma elegida por Demnig hace que las víctimas sean literalmente pisoteadas por los caminantes que pasan sobre las piedras.

Una placa en el centro de Madrid.


En 2015, los adoquines por la memoria llegaron a España a través de las asociaciones memorialistas y de algunos ayuntamientos para recordar y hacer honor a las víctimas españolas del nazismo, muchos de ellos, deportados a campos de concentración alemanes. El Ayuntamiento barcelonés de Navas fue el primer municipio español que se adhirió a este proyecto al colocar el 9 de abril de 2015 adoquines stolpersteine por cinco republicanos catalanes deportados al campo de concentración de Mauthaussen durante la Segunda Guerra Mundial, tres de los cuales fueron asesinados después de trasladarlos al subcampo de Güsen. Hasta mediados de 2021 se habían instalado 480 stolpersteine en 79 municipios españoles. En el Parque Montjuic de Barcelona se encuentra el mayor monumento barcelonés a las víctimas del Holocausto, el In Memoriam. Se inauguró en 1995 en el 50º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. El arquitecto estadounidense Leonard Glaser colocó 10 monolitos de diferentes tamaños uno al lado del otro en un círculo. Las estelas de piedra simbolizan los diez campos de concentración Bergen-Belsen, Buchenwald, Belzec, Sobibor, Dachau, Auschwitz, Treblinka, Majdanek y Mauthausen, pero sobre todo recuerdan a las personas que fueron asesinadas allí. Sobre las estelas se colocan pequeñas piedras, como en las lápidas de los cementerios judíos. Las losas de piedra nos recuerdan en hebreo, inglés, español y catalán que la intolerancia, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo fueron la causa de la guerra y los crímenes de los nazis y nos instan a no olvidar nunca y a recordar a las víctimas: “On the 50th anniversary of the end of World War II, and the liberation of the extermination camps in Europe, and in the memory of all the victims of nazi barbarism, as a consequence of intolerance, racism, xenophobia and antisemitism. We shall not forget.” “A 50 años del fin de la II Guerra Mundial, y de la liberación de los campos de exterminio en Europa, y en recuerdo a todas las víctimas de la barbarie nazi, consecuencia de la intolerancia, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo. No olvidemos”. “Als 50 anys de l’acabament de la II Guerra Mundial i de l’alliberament del camps d’extermini a Europa, i en record de totes les víctimes de la barberie nazi, conseqüencia de la intolèrancia, el racisme, la xenofobia i de l’antisemitisme. No oblidem.”
Una de las características específicas de los stolpersteine consiste en que cada uno rememora a una sola persona. Los nazis querían exterminar a las personas, convertirlas en números y borrar su memoria. La intención es revertir este proceso y devolver nombres individuales a los lugares donde alguna vez vivieron.

Con otro fdrmato y confeccionadas en bronce son las placas en Edimburgo.

Para los casos en que hay grupos grandes de personas que se deben homenajear en el mismo lugar, surgió la alternativa de los stolperschwelle (literalmente traducido como “umbral de tropiezo”), que puede registrar el destino de un grupo de víctimas en unas pocas líneas. En este caso el adoquín mide 96 mm de ancho, pero puede llegar a tener hasta 1 m de longitud.
Indagado Demnig sobre el por qué de colocar los adoquines en las aceras, comentó que primero había pensado en colocar placas en las paredes de las casas. Pero se dio cuenta de que eso iba a ser muy complicado, porque iba a necesitar el permiso del propietario de cada vivienda. En cambio, para colocar un stolperstein en la acera, solo se necesita el permiso de las autoridades locales y así un stolperstein se convierte en parte del paisaje local.
Actulamente ya hay Stolpersteine en Austria, Bélgica, Croacia, la República Checa, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Hungría, Lituania, Luxemburgo, Moldavia, Países Bajos, Noruega, Polonia, Rumania, Rusia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suiza y Ucrania
En 2018, el propio artista amplió el proyecto hacia la conmemoración de las víctimas de otros regímenes, como el Franquismo, denominando Remembrance Stones las piezas colocadas por primera vez en 2018 en Mallorca, en recuerdo a veinte alcaldes y políticos encarcelados, torturados y asesinados entre 1936 y 1939 por los seguidores de Franco en la isla. También en 2018, el Memorial Democràtic impulsó la colocación de las primeras “pedres de topada”. La Generalitat de Catalunya ha ido gestionando la colocación de Stolpersteine en homenaje a republicanos que murieron en las pedreras de Mauthausen y a asesinados y sobrevivientes catalanes de campos nazis en distintos municipios, entre ellos Navàs, Girona, Manresa, Igualada, Castellar del Vallès, Sabadell y Sant Cugat. 
Con esta rápida síntesis de la génesis y desarrollo de este gran proyecto conmemorativo se pueden apreciar claramente las similitudes con nuestras Baldosas por la Memoria argentinas. Su objetivo, su manufactura artesanal, su texto consensuado por todos los grupos que trabajan en esto, su búsqueda de las historias de vida de los detenidos-desaparecidos y asesinados por la dictadura cívico-eclesiástica-militar, todo ello nos permite afirmar que los Stolpersteine son un importante antecedente, ejemplo y modelo para el surgimiento y persistencia de nuestro proyecto.

En 1994, ya había construido unas 250 piedras que fueron expuestas en la iglesia de San Antonio en Colonia. El 4 de enero de 1995, sin permiso del Ayuntamiento, colocó las primeras. Al año siguiente participó en la exposición Künstler forschen nach Auschwitz (“Artistas investigan sobre Auschwitz”) en Berlin-Kreuzberg y colocó 51 piedras en la calle Oranien de esa localidad, careciendo nuevamente de autorización administrativa. Recién en 1997 consiguió por primera vez colocar legalmente dos piedras en la localidad de St. Georgen de Sanzburgo, en Austria, en recuerdo de Testigos de Jehová reprimidos en esa ciudad.
En su propio país en Ayuntamiento de Colonia recién en 2000 le otorgó el permiso oficial para la colocación de sus piedras. La propuesto se extendió de forma vertiginosa; ya en 2008 se habían colocado unos 17.000 en más de 400 ciudades alemanas; en 2016 esa cifra se había elevado a más de 50.000 Stolpersteine en distintos países de Europa y, en 2023, se llegó a la colocación Nº 100.000 en la ciudad de Nuremberg y recuerda lo sucedido a Johann Wild, ejecutado por los nazis en 1941 por denunciar los crímenes del régimen en sus cartas. De esta manera el proyecto de este artista se convirtió el el monumento recordatorio más descentralizado del mundo.
Partiendo de los datos obtenidos por una minuciosa investigación histórica sobre cada deportado, asesinado o, incluso, suicidado por la situación que vivía, Demnig manufactura los cubos de hormigón de manera totalmente artesanal (característica que Demnig defiende especialmente, pese a lo masiva que se ha tornado su construcción), y talla la inscripción: “Aquí residió”, “Aquí vivió”, “Aquí enseñó”, “Aquí eligió la muerte”, etc., el nombre de la víctima, año de nacimiento, su destino, por lo común la fecha de la deportación o de la muerte. El cubo es incrustado en la acera o la calle delante de la puerta del último domicilio de la víctima.

Varios Stolpersteine reunidos en una calle de Hannover.

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