Barrios por Memoria y Justicia

Detenidos-desaparecidos el 25/10/1976

Eran amigos y los secuestraron juntos. Juan Carlos era pampeano, de Santa Rosa donde hizo la primaria. Cuando su familia se trasladó a Buenos Aires, al barrio de Caballito, siguió sus estudios en el Colegio Marianista, el secundario en el Colegio Carlos Pellegrini y llegó a cursar materias de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Contó su hermana María Rosa:

Comenzó su militancia estudiantil en un grupo de izquierda. Por entonces conoció a Alicia Rais, estudiante de antropología, se casaron y en 1975 nació su hija, Mariela. (…) Juan Carlos era, por sobre todas las cosas, un ser humano sensible, cariñoso, jovial, generoso y solidario. Tenía una sonrisa franca, era muy vital, desbordaba energía. Estaba convencido de que la acción política era “la única vía para cambiar la sociedad”.

Cuando lo secuestraron, en el barrio de Villa Crespo, tenía 23 años, estaba casado y tenía una hija. No hay testimonios de su posible paso por un CCD.

Un grupo de ex alumnos del Pellegrini, encabezados por Eduardo Gruz, promoción 74, creó un espacio denominado El Pellegrinense. Allí se publicó un sentido recuerdo de Juan Carlos:

Un momento durante la colocación de la baldosa.

Una maldita ráfaga…

A Juan Carlos su Santa Rosa natal le quedaba chica. Por esa razón dejó su ciudad, donde nació el primer día de 1953 y rápidamente comenzó a aporteñarse, sin renegar jamás de su origen pampeano. En Buenos Aires, vivía en el departamento de su familia en Primera Junta, sobre la Av. Rivadavia (que el Grupo Manal hacía más famosa en aquellos años) en el 1º “C” a metros de Banchero Oeste. Ese Banchero que en su primer piso nos vio comer las primeras pizzas fuera de casa y descubrir que la cerveza suelta era más rica que la embotellada. Donde nos reuníamos para estudiar, aunque le dedicábamos más tiempo a hablar de fútbol, de las chicas del colegio o del mundo que intentábamos descubrir en los orígenes de nuestra adolescencia, que a los requerimientos de Bellagamba, Corvellini, Verra, Chimienti, Teófilo Moreno, Rosenweig, Labastie y Cía.

Cuando repetí 3º año no compartimos más bancos ni aulas, pero los domingos por la mañana caminaba cuatro cuadras hasta el teléfono público y marcaba 99-0142 para combinar donde nos encontrábamos para ir a ver a Boca. De local siempre y de visitante cuando podíamos. Mantengo fresco el recuerdo de su admiración por Savoy, que pasó por Boca cuando su rendimiento ya no era el mejor y yo rogaba que jugara bien, porque cuando la “tribuna” lo criticaba, Juan Carlos salía en su defensa con discusiones que generalmente terminaban en gesticulaciones e insultos, hasta que una tarde en el “viejo gasómetro” de Av. La Plata nos fuimos a las manos en evidente inferioridad numérica, éramos dos contra el resto. Solo la agilidad de nuestra juventud nos permitió escabullirnos entre el público y seguir viendo el partido “tranquilos” desde otro lugar.

A la izq., Silvia; a la der., Alicia, las respectivas compañeras de Miguel y de Juan Carlos.

El paso del tiempo hizo que las horas de ocio le fueran dejando lugar al estudio, al trabajo, a la novia y le fuimos quitando espacio al fútbol y comenzamos a vernos con menos frecuencia. El destino quiso que Juan Carlos ingresara a trabajar al lugar donde lo hacía mi cuñada. En 1975/76, fui con mi novia (actualmente mi esposa) a su departamento de Palermo para conocer a su hija recién nacida. A fines de octubre del 76, mi cuñada me dijo asombrada que mi amigo había dejado de ir a trabajar sorpresivamente, sin avisar a nadie. Pasó el tiempo y continuaba el misterio. Incrédulamente suponíamos que había regresado a La Pampa.

Nunca supe qué ráfaga se lo llevó, precisamente debe ser por eso que cuando regreso a mi casa, por Rivadavia prefiero no doblar en Centenera y seguir por la avenida, aunque el tránsito se haga más lento. Será porque al pasar frente al número 5447 guardo la esperanza de volver a verte, así como cada 1º de enero alzo mi copa pensando en presente pero sintiendo en pasado.

Por su parte, Miguel era obrero gráfico. Vivía con su mujer Silvia y su hija Mariana en Av. Boedo 1835. Militaba en la Organización Comunista Poder Obrero. La noticia de su secuestro salió en La Opinión del 05/11/1976 y en el Buenos Aires Herald del 13/11/1976. Algunos testimonios que fueron publicados en diferentes lugares, han sido:

Eras un niño. Con 27 años que tenías cuando te llevaron, seguías siendo un niño: entusiasta, alegre, te animabas a todo. A dibujar muy bien, aunque no habías estudiado dibujo, a tocar la guitarra y cantar, aunque no tuvieras buen oído: Yupanqui, Larralde, Serrat, canciones de la Guerra Civil Española.

Pero confiabas en que la pasión que te animaba para hacer todo haría que el resultado fuera maravilloso. Esa misma pasión que tenías para luchar por un mundo más justo, con más equilibrio social y económico, sin explotados ni explotadores. Con esa misma pasión abandonaste un puesto de trabajo “exitoso” y una carrera brillante, para ser operario de Della Penna y activista sindical gráfico. Esa misma pasión que te impulsó a la coherencia y el compromiso con los compañeros hasta el final. Con esa misma pasión adolescente te sigo recordando.

Silvia, su esposa

Mariana, hija de Juan Carlos, con sus dos hijos. Hoy toda la familia vive en Barcelona.

 Barrio y Memoria, Publicación de la Comisión por la Memoria de la Red de Cultura Boedo, 09/2009, año 1, Nº 1.

Es muy triste recordar la ausencia. La ausencia, esa nada poderosa, invisible que avanza llenando las horas y los lugares que podrías haber sido. La ausencia que hace tejer ilusiones, a la sombra de un árbol plástico. La ausencia latente, la de crecer sin poder hablar con Sanmartines o Belgranos. El silencio solo hace que la ausencia se vuelva omnipresente. Tu cara se confunde con las miles de fotos, de otros todos. Tu identidad se borra en un mundo sin tumbas, sin la dignidad de un sepulcro, sin la intimidad de un sepulcro. Sin embargo, me quedó la vida. Y en mi vida la ausencia se volvió duda, pregunta incansable y ojo crítico. Tu ausencia me trajo la convicción de no creer en lo que me cuentan, sino en lo que veo. Mi generación vivió como un gran ojo, al que le está empezando a crecer boca. La certeza está en el corazón y no en los diarios.

Mariana, hija de Miguel

Tradicional final para nuestros actos de colocación de baldosas. Dar el presente por los compañeros homenajeados en la ocasión.




Dentro del Programa de Restauración de Baldosas que hemos debido implementar para lograr la plena conservación de estos testimonios de la Memoria Colectiva del pueblo argentino, hemos retirado esta baldosa y procedido a colocar una nueva. La misma fue confeccionada y colocada con compañeros de la agrupación La Cámpora de Villa Crespo. Aquí algunas fotos de ese acto.

By BxMJ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *