Barrios por Memoria y Justicia

Detenidos-desaparecidos el 11/11/1976

En este caso no colocamos una baldosa… si no dos. El mismo día, el mismo grupo se reunió en Teodoro García 3217, la casa familiar de los Adur, donde se realizó la fiesta de casamiento de Claudio César Adur y Bibiana Martini; y de ahí se trasladó a Ciudad de la Paz 1014, donde vivió la pareja y de donde se los llevaron secuestrados.

Este texto fue escrito por Diego Adur, sobrino de Claudio, en representación del sentir de todo el grupo familiar:

Claudio y Bibiana eran dos jóvenes brillantes, sensibles, llenos de ideales que buscaron hacer del mundo un lugar más justo y equitativo. Eran compañeros de facultad, de militancia, amigos y estaban profundamente enamorados.

Claudio César Adur nació el 22/12/1951. Era licenciado en Historia del Arte por la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Le decían “Turco”. Trabajaba como ayudante de la cátedra de Vicente Zito Lema y escribía en Crisis y en El Cronista Comercial. Fue alumno del Collège Français, donde hizo toda la primaria. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y egresó en 1969. También fue alumno de la Alianza Francesa, donde estudió francés hasta 1968. En 1975, fundó junto a Estela Ocampo el Centro de Estudios e Investigaciones Artísticas.

Bibiana Martini nació el 13/10/1949. Estudiaba Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Le decían “Nina”. Provenía de la agrupación de izquierda FAL (Fuerzas Armadas de Liberación) que se insertó en la Facultad y tiempo después confluyó en Montoneros. Hizo sus estudios secundarios en la Escuela Normal Superior N° 1 en Lenguas Vivas. Trabajaba como empleada administrativa en la empresa multinacional 3M.

En mayo de 1976, Claudio y Bibiana celebraron su casamiento en la casa familiar de los Adur, ubicada en Teodoro García 3217, en el barrio de Colegiales. Fue una fiesta hermosa de la que se conservan fotos que retratan la alegría que sentían por consumar su unión. Luego, se mudaron a un departamento en la calle Ciudad de la Paz 1014, 2º 9, también en Colegiales y a algunas cuadras de donde fue su boda.

El 11 de noviembre de 1976, en la madrugada, una patota de aproximadamente diez hombres con dos autos llegó al              domicilio familiar. Los integrantes del Grupo de Tareas que conformaban el operativo lanzaron bombas de estruendo que despertaron a todos y entraron a revisar el lugar, con las armas desenfundadas y con mucha violencia. Allí secuestraron a Gustavo, el hermano menor de Claudio y, bajo amenazas de asesinar a sus padres, lo obligaron a conducirlos hasta el departamento de la pareja. En el trayecto, los coches se detuvieron frente a la Comisaría 33º donde avisaron que iban a llevar adelante un operativo y ordenaron que no intervinieran. Luego siguieron hacia Ciudad de la Paz. Gustavo trató de ganar el mayor tiempo posible para que sus padres, que habían quedado en casa, alertaran a Claudio y a Bibiana de lo que ocurría y pudieran huir. Así, se hizo el confundido, como si no recordara el departamento exacto donde vivían su hermano y su cuñada. Tocaron timbre en varios de los edificios cercanos y fueron descartándolos hasta que solo quedó el del número 1014. Allí increparon al portero para que les dijera dónde vivían Claudio y Bibiana. Subieron con Gustavo, tocaron la puerta de la casa y lo pusieron en la mirilla. Su hermano abrió la puerta asustado de que le hubiera pasado algo a su padre y así lo comunicó. Estaba completamente desnudo cuando los militares ingresaron a su departamento, desconectaron el teléfono y cerraron la puerta. Fue la última vez que Gustavo vio a Claudio. Le dijeron que caminara hacia su casa y no hablara con nadie. Muerto de miedo, eso hizo.

A partir de ese momento, los esfuerzos de las familias para encontrarlos fueron exhaustivos, pero inútiles. El padre de Claudio, Abdala Adur, trabajaba en la Embajada del Líbano e intentó utilizar sus conexiones para que su hijo y su nuera aparecieran con vida. Alicia, hermana de Bibiana, presentó decenas de habeas corpus y se citó con cuanta persona pudo para conocer el destino de su hermana y su cuñado. Nada de todo eso tuvo resultado positivo.

Durante muchos años, reinó un silencio extraño, casi incómodo, alrededor de las figuras de los desaparecidos en la familia. Si bien nunca se dejó de exigir y reclamar Memoria, Verdad y Justicia ni de asistir a las marchas de cada 24 de marzo, poco se hablaba de Claudio y de Bibiana, poco se conocía acerca de sus historias y sobre quiénes habían sido ellos. Recién en 2010, Lucas Adur y Carla Debenedetti, sobrinos de Claudio, llevaron adelante una investigación que permitió reconstruir la vida de sus tíos. Lograron contactar amigos y amigas del colegio secundario, compañeros y compañeras de militancia, profesores y otras personas que los habían conocido y tratado. Claudio y Bibiana pasaron a estar más presentes. Sus historias se volvieron cercanas y nos sentimos identificados con algunos rasgos de sus personalidades. Los años siguientes, ubicamos a algunos sobrevivientes del terrorismo de Estado que nos ayudaron a conocer el destino de Claudio y de Bibiana tras su detención-desaparición del 11/11/1976. Principalmente, los testimonios de Mario Salvatierra, Dante Barcos, Carlos Loza y Oscar Repossi nos permitieron determinar que estuvieron en una quinta ubicada por la Zona Norte de Buenos Aires y que desde el 23 de noviembre de 1976 hasta el 4 de enero de 1977 permanecieron secuestrados en el altillo de la Escuela de Mecánica de la Armada, en Capuchita. El miércoles 5 de enero de 1977, día de traslados, presumimos que fueron arrojados en uno de los vuelos de la muerte. Al momento de su detención-desaparición Claudio tenía 24 años y Bibiana 27. Al día de hoy, continúan desaparecidos.

En 2017, familiares, amigos y amigas de Claudio y de Bibiana junto a la organización Barrios x Memoria y Justicia construimos y colocamos baldosas conmemorativas tanto en la casa de Teodoro García donde festejaron su casamiento como en el departamento de Ciudad de la Paz donde vivieron hasta su desaparición. Fue un homenaje cargado de emoción del que participaron personas muy cercanas que pudieron contar parte de sus vidas junto a ellos: compartieron historias, recordaron anécdotas y cantaron canciones con el propósito de mantener su memoria siempre presente. Esas baldosas significan para muchos de nosotros una especie de tumba, la marca de un espacio físico para visitarlos, para llorar o reír con ellos.

La valentía de los sobrevivientes a la hora de dar testimonios en los juicios, en cafés junto a los familiares o en cualquier charla a la que se los invite, es determinante a la hora de hacer la reconstrucción sobre el paradero de nuestros desaparecidos. Gracias a ellos, también nos encontramos con historias de amor y de compañerismo, relatos que nos ayudan a tenerlos cerca, humanizarlos y seguir sintiéndolos nuestros. En uno de esos testimonios, Dante Barcos, quien estuvo cautivo con Claudio y Bibiana en Capuchita desde el 23 de noviembre hasta el 22 de diciembre del 76, nos regaló una imagen de amor en medio de todo ese infierno:

“Hay algo que me llamó la atención, fue muy emotivo por las circunstancias en las que estábamos. Al mediodía, nos daban de comer un miñoncito chiquitito con un churrasquito. Nos quedábamos con hambre. Yo me comía hasta las miguitas que se caían al piso. Este muchacho (Claudio Adur) había juntado las miguitas y había fabricado un muñequito, que no sé qué simbolizaba, pero estaba conmemorando una fecha de pareja. Entonces le regaló a ella ese muñequito que había construido. Fue tan emocionante que nos hizo olvidar por un rato el mal momento que teníamos”, recordó Dante en su declaración durante una de las audiencias de la Megacausa ESMA, en 2013 en los tribunales de Comodoro Py.

Lo más importante y con lo que decidimos quedarnos tanto las familias de Claudio y de Bibiana como sus amigos, amigas, compañeros y compañeras de militancia es su gran pasión por la vida y la ternura que se ofrecían uno al otro. Quienes los conocieron dan cuenta del gran amor que se tenían, el respeto con el que se trataban y la convicción con la que llevaban adelante sus ideas. Es difícil hablar de Claudio sin mencionar a Bibiana, ni contar de Nina sin referirse al Turco. Desde que eligieron estar juntos nunca más pudieron separarlos. A partir de allí, sus vidas transcurrieron en cámara rápida. La amistad, la militancia compartida, las discusiones ideológicas, la lucha revolucionaria, su enamoramiento, su respeto y admiración, su casamiento y su convivencia. Vivieron con intensidad su amor y se sostuvieron con fuerza ante los tormentos. Fueron jóvenes que, como tantos otros de esa época, brindaron sus cuerpos, sus mentes y sus propias vidas al servicio de un ideal; de un mundo mejor, de un mundo más justo, con más oportunidades para todos y para todas.

Seguramente la idealización con nuestros desaparecidos aparezca en algunos tramos de esta reseña. Sabemos que también fueron personas comunes, con sus errores, malos humores, peleas y demás. Pero hay algo de lo que sí estamos convencidos. Así nos lo contaron quienes estuvieron junto a ellos y pudieron conocer su amor revolucionario. Así lo relataron quienes compartieron el horror del cautiverio, las torturas y el secuestro. En definitiva, lo que sabemos es que Claudio y Bibiana se trataban dulcemente.

La familia Adur completa el día de la confección de la baldosa por Bibiana y Claudio.
Claudio y Bibiana el día de su casamiento.

By BxMJ

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