Barrios por Memoria y Justicia

Detenido-desaparecido el 03/06/1976

Daniel nació el 1º de febrero de 1950. Sus padres fueron Dora López Baqueiro y Horacio Martínez y tenía un hermano, llamado Horacio como su padre. Se casó con Alicia Pardo, quien también fue secuestrada. Ella cuando salía del domicilio de sus padres, en Yatay 361, depto. 2, en Almagro, y él posiblemente en el trayecto de su casa al trabajo. Ambos continúan desaparecidos. Militaba en el ERP y trabajaba en la empresa Sudamtex, en Gilardot 1560, Villa Ortúzar, donde ahora hay un supermercado Vital, desempeñándose como obrero. Su familia colocó una baldosa en su homenaje frente al que fuera el domicilio familiar de los Martínez, en Av. Dorrego 675, en marzo de 2017. Anteriormente ambas familias habían colocado otra baldosa en Gregorio de Laferrère 2807, frente al último domicilio donde vivió la pareja. Su hermano Horacio fue quien se acercó a nuestra agrupación con la inquietud de colocar esta baldosa. En el acto de colocación, tenía preparadas unas palabras para decir, pero la emoción se lo impidió. Por eso fue una de sus hijas, Violeta,  la encargada de leer su mensaje:

Quiero compartir con uds. las primeras reflexiones ante esta baldosa que acabamos de colocar, y lo hago a través de mi hija Violeta para evitar la emoción que me causaría transmitirlas. Lo primero que se me ocurre expresar es que sigue pareciéndome extraño construir y colocar esta baldosa en un sitio público, algo tan íntimo como es el lugar de recordación de un ser querido como lo fue y es mi hermano y lo mismo me ocurrió cuando con la familia Pardo colocamos la baldosa de Alicia y Daniel.

Les confieso que en estos últimos meses cuando volví solo ante la baldosa de los chicos colocada frente a su departamento (un lugar casi desconocido, ya que ellos hacía unos pocos meses que vivían allí) me ocurrió lo mismo. Quizás la colocación de esta baldosa sea un poco el resultado de esa sensación. Ahora es también mi esperanza de que aquí, que fue escenario de una parte de la vida conjunta con Daniel, la encuentre más reconocible, más cercana y me vuelva a los recuerdos cotidianos de nuestra vida como jóvenes que les confieso a lo largo de estos cuarenta años en algunos momentos había abandonado.

Familiares de Daniel terminan la colocación de la baldosa.

Con Daniel, como saben algunos de uds., solo nos llevábamos catorce meses, por lo tanto no solo compartimos la infancia y nuestra adolescencia sino los amigos, las reuniones de los boyscauts, nuestras primeras salidas, su música, esta plaza y el café de la esquina de Corrientes y Dorrego que a menudo nos cobijó y fue un buen lugar de encuentros, para tomar algo que, más de una vez dejábamos fiado, gracias a la buena voluntad de los mozos que nos reconocían como parte del barrio.

En este mismo edificio, pocos días después de la desaparación de Daniel y Alicia, de madrugada, un operativo militar allanó nuestro departamento, trayendo atado y lastimado a un compañero de Daniel, que mi madre enseguida reconoció por haber estado en casa. Ese día yo no estaba en Buenos Aires (seguramente salvando así mi vida) y a mamá decidieron, después de dar vuelta la casa, amedrentarla y avisarle que volverían. Pocas noches después salimos escapados de ese departamento (pensando que esa amenaza podía ser cumplida) hacia la provincia de Buenos Aires, con la ingenuidad de que era una forma de salvarnos. Con esto quiero decirles lo entrañable que es para mí este barrio al que muy pocas veces volví en estos años y que ahora estoy seguro frecuentaré. Estas son las razones que dieron origen a la colocación de esta segunda baldosa.

Vuelvo a repetir, como lo dije en la colocación de la primera baldosa: estoy seguro y acepto que esta baldosa cobre un sentido más colectivo, e inclusive más trascendente, que el estrictamente personal, porque en ella entiendo está presente la búsqueda de memoria y justicia por estos crímenes que afectaron a nuestra familia y también a la sociedad toda. Pero también estoy seguro de que cualquiera que sea el prisma con que se quiera observar esta colocación, hay algo en ella que atraviesa cualquier tipo de connotación, sea política, ideológica o incluso temporal, porque es omnicomprensiva del reconocimiento al valor de la vida, de la identidad y de la existencia misma, y esto último es intrínseco a todo ser humano, como Daniel y Alicia, con quienes estos derechos se mancillaron.

También este espacio público es el único lugar físico donde testimoniar el recuerdo a Daniel y a Alicia pero, por haberlo obtenido, no dejaremos de pensar que es posible, en algún momento, cerrar este capítulo con la recuperación de sus cuerpos y así darles el lugar que les correspondería. Daniel y Alicia fueron secuestrados, robados hasta el último y más pequeño artículo de su nueva casa y luego hechos desaparecer por aquellos que decían defender a la patria. Es imposible aceptar este argumento en un Estado de derecho. Estos chicos fueron víctimas de un crimen hasta hoy no esclarecido ni juzgado, y lo peor es que sus victimarios formaban parte del Estado. Ese mismo Estado que les negó todos sus derechos, inclusive hasta el de ser juzgados, en el caso de que hubiera correspondido.

Por último, solo agradecer a uds., mis amigos, su compañía, y hacerlo doblemente por haber venido y porque no debí explicarles el alcance y valor de esta convocatoria que es, en definitiva, el testimonio de que Daniel no desapareció, y menos aún que no existió, como cruelmente intentaron hacernos creer.

A las dos organizaciones Barrios x Memoria y Justicia (Almagro y Villa Crespo) en las personas de Fanny Seldes y Cecilia Schiavi y a sus compañeros que nos recibieron a Florencia y a mí con mucha calidez y fundamentalmente con una gran vocación de acompañarnos en este camino que no deja de ser doloroso.

A mis hijos queridos que por un lado estuvieron tan alejados de esta tragedia que me tocó vivir y que, sin embargo, hoy vienen dando el presente acompañándome en esta etapa.

Una especial mención para Nancy Paolini, la mamá de mis hijas Pía y Violeta y que fuera también durante años la compañera de crianza de mis otros tres hijos y hoy una entrañable y para siempre amiga. Que sé que está con su pensamiento también presente.

Y por supuesto para Florencia, quien en todos estos años juntos fue el gran puntal para que yo terminara de emprender definitivamente este camino hacia mi propia memoria…

Los abrazo a todos.

Horacio

Violeta Martínez, sobrina de Daniel e hija de Horacio, lee las palabras escritas por su padre para la ocasión.

By BxMJ

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